lunes, 6 de enero de 2014

"Uno escribe todo el rato" Rosa Montero

Me he acostumbrado a ordenar los recuerdos de mi vida con un cómputo de novios y de libros. Las diversas parejas que he tenido y las obras que he publicado son los mojones que marcan mi memoria, convirtiendo el informe barullo del tiempo en algo organizado. “Ah, aquel viaje a Japón debió de ser en la época en la que estaba con J., poco después de escribir Te trataré como a una reina”, me digo, e inmediatamente las reminiscencias de aquel periodo, las desgastadas pizcas del pasado, parecen colocarse en su lugar. Todos los humanos recurrimos a trucos semejantes; sé de personas que cuentan sus vidas por las casas en las que han residido, o por los hijos, o por los empleos, e incluso por los coches. Puede que esa obsesión que algunos muestran por cambiar de automóvil cada año no sea más que una estrategia desesperada para tener algo que recordar.

Mi primer libro, un horrible volumen de entrevistas plagado de erratas, salió cuando yo tenía 25 años; mi primer amor lo suficientemente contundente como para marcar época debió de ser en torno a los veinte años. Esto quiere decir que la adolescencia y la infancia se hunden en el magma amorfo y movedizo del tiempo sin tiempo, en una turbulenta confusión de escenas sin datar. En ocasiones, leyendo las autobiografías de algunos escritores, me pasma la cristalina claridad con que recuerdan sus infancias hasta en el más mínimo detalle. Sobre todo los rusos, tan rememorativos de una niñez luminosa que siempre parece la misma, llena de samovares que destellan en la plácida penumbra de los salones y de espléndidos jardines de susurrantes hojas bajo el quieto sol de los veranos. Son tan iguales estas paradisíacas infancias rusas, en fin, que una no puede menos que suponer que son una mera recreación, un mito, un invento. Cosa que sucede con todas las infancias, por otra parte. 

Siempre he pensado que la narrativa es el arte primordial de los humanos. Para ser, tenemos que narrarnos, y en ese cuento de nosotros mismos hay muchísimo cuento: nos mentimos, nos imaginamos, nos engañamos. Lo que hoy relatamos de nuestra infancia no tiene nada que ver con lo que relataremos dentro de veinte años. Y lo que uno recuerda de la historia común familiar suele ser completamente distinto de lo que recuerdan los hermanos. A veces intercambio unas cuantas escenas del pasado con mi hermana Martina, como quien cambia cromos: y el hogar infantil que dibujamos una y otra apenas si tiene puntos en común. Sus padres se llamaban como los míos y habitaban en una calle con idéntico nombre, pero eran indudablemente otras personas.
De manera que nos inventamos nuestros recuerdos, que es igual que decir que nos inventamos a nosotros mismos, porque nuestra identidad reside en la memoria, en el relato de nuestra biografía. Por consiguiente, podríamos deducir que los humanos somos, por encima de todo, novelistas, autores de una única novela cuya escritura nos lleva toda la existencia y en la que nos reservamos el papel protagonista. Es una escritura, eso sí, sin texto físico, pero cualquier narrador profesional sabe que se escribe, sobre todo, dentro de la cabeza. Es un runrún creativo que te acompaña mientras conduces, cuando paseas al perro, mientras estás en la cama intentando dormir. Uno escribe todo el rato.

Llevo bastantes años tomando notas en diversos cuadernitos con la idea de hacer un libro de ensayo en torno al oficio de escribir. Lo cual es una especie de manía obsesiva para los novelistas profesionales: si no fallecen prematuramente, todos ellos padecen antes o después la imperiosa urgencia de escribir sobre la escritura, desde Henry James a Vargas Llosa pasando por Stephen Vicinzcey, Montserrat Roig o Vila-Matas, por citar algunos de los libros que más me han gustado. Yo también he sentido, en fin, la furiosa llamada de esa pulsión o ese vicio, y ya digo que llevaba mucho tiempo apuntando ideas cuando poco a poco fui advirtiendo que no podía hablar de la literatura sin hablar de la vida; de la imaginación sin hablar de los sueños cotidianos; de la invención narrativa sin tener en cuenta que la primera mentira es lo real. Y así, el proyecto del libro se fue haciendo cada vez más impreciso y más confuso, cosa por otra parte natural, al irse entremezclando con la existencia.

La conmovedora y trágica Carson McCullers, autora de El corazón es un cazador solitario, escribió en sus diarios: “Mi vida ha seguido la pauta que siempre ha seguido: trabajo y amor”. Me parece que también ella debía de contabilizar los días en libros y amantes, una coincidencia que no me extraña nada, porque la pasión amorosa y el oficio literario tienen muchos puntos en común. De hecho, escribir novelas es lo más parecido que he encontrado a enamorarme (o más bien lo único parecido), con la apreciable ventaja de que en la escritura no necesitas la colaboración de otra persona. Por ejemplo: cuando estás sumido en una pasión, vives obsesionado por la persona amada, hasta el punto de que todo el día estás pensando en ella; te lavas los dientes y ves flotar su rostro en el espejo, vas conduciendo y te confundes de calle porque estás obnubilado con su recuerdo, intentas dormirte por las noches y en vez de deslizarte hacia el interior del sueño caes en los brazos imaginarios de tu amante. Pues bien, mientras escribes una novela vives en el mismo estado de deliciosa enajenación: todo tu pensamiento se encuentra ocupado por la obra y en cuanto dispones de un minuto te zambulles mentalmente en ella. También te equivocas de esquina cuando conduces, porque, como el enamorado, tienes el alma entregada y en otra parte.

Otro paralelismo: cuando amas apasionadamente tienes la sensación de que, al instante siguiente, vas a conseguir compenetrarte hasta tal punto con el amado que os convertiréis en uno solo; es decir, intuyes que está a tu alcance el éxtasis de la unión fusional, la belleza absoluta del amor verdadero. Y cuando estás escribiendo una novela presientes que, si te esfuerzas y estiras los dedos, vas a poder rozar el éxtasis de la obra perfecta, la belleza absoluta de la página más auténtica que jamás se ha escrito. Ni qué decir tiene que esa culminación nunca se alcanza, ni en el amor ni en la narrativa; pero ambas situaciones comparten la formidable expectativa de sentirte en las vísperas de un prodigio.

Y por último, pero es en realidad lo más importante, cuando estás enamorado locamente, en los primeros momentos de la pasión, estás tan lleno de vida que la muerte no existe. Al amar eres eterno. Del mismo modo, cuando te encuentras escribiendo una novela, en los momentos de gracia de la creación del libro, estás tan impregnado por la vida de esas criaturas imaginarias que para ti no existe el tiempo, ni la decadencia, ni tu propia mortalidad. También eres eterno mientras inventas historias. Uno escribe siempre contra la muerte.

De hecho, me parece que los narradores somos personas más obsesionadas por la muerte que la mayoría; creo que percibimos el paso del tiempo con especial sensibilidad o virulencia, como si los segundos nos tictaquearan de manera ensordecedora en las orejas. A lo largo de los años he ido descubriendo, por medio de la lectura de biografías y por conversaciones con otros autores, que un elevado número de novelistas han tenido una experiencia muy temprana de decadencia. Pongamos que a los seis, o diez, o doce años, han visto cómo el mundo de su infancia se desbarataba y desaparecía para siempre de una una guerra, una ruina. Otras veces es una brutalidad subjetiva que sólo perciben los propios narradores y de la que no están muy dispuestos a hablar; por eso, el hecho de que en la biografía de un novelista no haya constancia de esa catástrofe privada no quiere decir que no haya existido (yo también tengo mi duelo personal: y tampoco lo cuento).


Y así, los casos de los que se tienen datos objetivos suelen ser historias más o menos aparatosas. Vladimir Nabokov lo perdió todo con la revolución rusa: su país, su dinero, su mundo, su lengua, incluso a su padre, que fue asesinado. Simone de Beauvoir nació siendo una niña rica y heredera de una estirpe de banqueros, pero poco después la familia quebró y se fueron a malvivir pobremente en un cuchitril. Vargas Llosa perdió su lugar de príncipe de la casa cuando el padre, al que él creía muerto, regresó a imponer su violenta y represiva autoridad. Joseph Conrad, hijo de un noble polaco revolucionario y nacionalista, fue deportado a los seis años con su familia a un pueblecito mísero del norte de Rusia, en condiciones tan duras que la madre, enferma de tuberculosis, murió a los pocos meses; Conrad siguió viviendo en el destierro con el padre, que también estaba tuberculoso y además muy desesperado (“más que un hombre enfermo era un hombre vencido”, escribió el novelista en sus memorias); al cabo el padre falleció, con lo que Conrad, que para entonces contaba tan sólo 11 años, cerró el círculo de fuego del sufrimiento y de la pérdida. Quiero creer que aquel dolor enorme por lo menos contribuyó a crear a un escritor inmenso.

Podría citar a muchísimos más, pero nombraré tan sólo a Rudyard Kipling, que disfrutó de una edénica infancia en la India (tan idealizada como la niñez de los escritores rusos, pero con sirvientes enturbantados en vez de bondadosos mujiks) y que se vio lanzado, a los seis años, a la pesadilla de un horrible internado en la oscura y húmeda Inglaterra. Aunque en realidad no era un internado, sino una pensión en la que sus padres le depositaron, al cuidado de una familia que resultó ser feroz. “Lo de aquella casa era tortura fría y calculada, al propio tiempo que religiosa y científica. Sin embargo me hizo fijar la atención en las mentiras que, al poco tiempo, me fue necesario decir: ése es, según presumo, el fundamento de mis esfuerzos literarios”, dice el propio Kipling en su autobiografía Algo sobre mí mismo, consciente del íntimo nexo que esa experiencia guardaba con su narrativa. Él lo explicaba como culminación de una estrategia defensiva; a mí, en cambio, me parece que lo sustancial es que todos esos novelistas que han creído perder en algún momento el paraíso escriben –escribimos— para intentar recuperarlo, para restituir aquello que se ha ido, para luchar contra la decadencia y el fin inexorable de las cosas. “Del dolor de perder nace la obra”, dice el psicólogo Pierre Brenot en su libro Genio y locura.

Hablar de literatura, pues, es hablar de la vida; de la vida propia y de la de los otros, de la felicidad y del dolor. Y es también hablar del amor, porque la pasión es el mayor invento de nuestras existencias inventadas, la sombra de una sombra, el durmiente que sueña que está soñando. Y al fondo de todo, más allá de nuestras fantasmagorías y nuestros delirios, momentáneamente contenida por este puñado de palabras como el dique de arena de un niño contiene las olas en la playa, asoma la Muerte, tan real, enseñando sus orejas amarillas.


De: La loca de la casa de Rosa Montero




Nacida en Madrid, el 3 de enero de 1951, se apasionó por la literatura temprano en su infancia, buceando en los libros entre los cinco y los nueve años, debido a una tuberculosis que la confinó en casa. Periodista, colaboró con varias publicaciones hasta tornarse columnista del principal diario español, El País. Comenzó en 1977 a realizar, para el suplemento dominical del diario, entrevistas que le valieron diversos premios, hasta que en 1980 se tornó redactora jefe del País Semanal.

Sus principales obras:
La Loca de la Casa (Alfaguara)
El Corazón del Tártaro (Espasa)
La Hija del Caníbal (Espasa)
Bárbara contra el Doctor Colmillos (Alfaguara)
El Viaje Fantástico de Bárbara (Alfaguara)
Las Barbaridades de Bárbara (Alfaguara)
Bella y Oscura (Seix Barral)
Temblor (Seix Barral)
Amado Amo (Debate)
Te Trataré Como a una Reina (Seix Barral)
La Función Delta (Debate)
Crónica del Desamor (Debate)

De: Espacio Potencial.com


sábado, 4 de enero de 2014

“... La vida es lo poco y lo mucho que tenemos; la moneda del pobre, compañeros... Líber Falco

Compartiendo cabalmente la visión del poeta uruguayo, cruzaron la evocación aquellos versos también muy conocidos del español Antonio Machado: “Moneda que está en la mano, / tal vez se deba guardar. / La monedita del alma / se pierde si no se da”. 

Y como la intención es dar, parecería que la Realidad hubiera preparado una especial monedita para que, rodando quién sabe por dónde, muestre ufana sus dos caras; quizás pretenda recordarnos que, bajo sus órdenes, máscara o polvo podemos ser pues de precario barro estamos hechos.

Para la pasada Nochebuena, una sorpresiva noticia nos colmó de alegría. En respuesta a nuestro saludo navideño, Alba Lucía Zabala, querida integrante unos años atrás del Taller de Motivación a la Escritura,  nos decía en su mail:

“UN CUENTO DE LOS QUE ESCRIBÍ EN TU TALLER, SALIÓ PREMIADO EN LA IMM, SECRETARÍA DEL ADULTO MAYOR, Y SE PUBLICÓ  EN UN LIBRO JUNTO A OTROS. GRACIAS ANA!!!!!!!! POR ESOS HERMOSOS TALLERES QUE PRENDIERON DE NUEVO MI INSPIRACIÓN, DESPUÉS DE UN MOMENTO DOLOROSO EN MI VIDA. FELIZ NAVIDAD, PAZ Y AMOR!!!!!!!!!!!!!”

Cuando le comentamos acerca del obvio interés en publicarlo en el blog, Albita nos contestó: 

“ANITA, tú sabés que la IMM, tiene los derechos de publicación de los cuentos, no puedo publicar el mío en ningún otro lado, así que solo voy a  tratar de llevar el libro para que veas qué lindo material hay en cuentos, la temática era MI BARRIO. Hubo 87 cuentos, y 57 se publicaron; un jurado, compuesto por un poeta, un escritor, y una maestra directora jubilada, aceptó unos por unanimidad, como fue mi caso, y otros por mayoría, así que te pido que no lo publiques, porque quizás haya algún inconveniente. OK?  Muchos besos”.

Alba Lucía Zabala, cuando
su esperanza verdeaba.

Esperando con ansiedad la visita de esta querida señora estábamos (y estamos, porque “la vida gira como todo gira”), cuando el 3 de enero supimos que Néstor Gorriarán, querido y activo integrante del Taller de Narrativa, había fallecido la noche anterior. Un parpadeo y el barro se desmenuza y vuelve al polvo...

Podríamos retratarlo con diferentes matices; decir, por ejemplo que llegó a nuestra Casa con la actitud demandante de los niños porque, increíblemente, a los 80, acababa de descubrir que tenía aptitudes para la escritura literaria y resueltamente quería así volcar todas sus experiencias; decir que esas experiencias todavía tenían aroma a mar, porque su profesión había sido la de marino mercante y práctico de ríos,...

En fin, cada uno/a de sus compañeros/as agregará alguna visión particular pero con seguridad todas/os podemos coincidir en su extraordinaria capacidad para la Amistad. Su último mensaje para el colectivo fue, justamente ése:

“¡¡¡ Que la Amistad sea fuente y apoyo de nuestra compartida Inspiración!!! Un abrazo
néstor j. y familia”


Era el primero en llegar y el último en irse
porque siempre ofrecía
su mano, su oreja, su palabra.
En el interín, nos deleitaba
con anécdotas, impresiones, vivencias
de otros pueblos, de otras personas...
Eso le importaba: el ser humano...


“La Vida es un trompo, compañeros”, y nosotros, precario barro, no deberíamos perder "la monedita del alma".





jueves, 2 de enero de 2014

"Breve sol de lo visible"





El Puente


En un gesto trivial, en un saludo,
en la simple mirada, dirigida
en vuelo, hacia otros ojos,
un áureo, un frágil puente se construye.
Baste eso sólo.

Aunque sea un instante, existe, existe.
Baste eso sólo.


Circe Maia
De El puente, 1970



Reproducido en:
Uruguay,mujeres y poesía (1787 - 2000)
Sylvia Puentes de Oyenard

De: Espacio Latino.com















Poeta, traductora, docente,
Circe está entre nosotros desde 1932,
"ayudándonos a ver"
las pequeñas significativas realidades
por donde late la Vida.

De: Humbral.blogspot.com



martes, 31 de diciembre de 2013

2014: otra oportunidad para quitarse los anteojos...
















"Los milagros son comparables a las piedras: están por todas partes ofreciendo su belleza y casi nadie les concede valor.
Vivimos en una realidad donde abundan los prodigios, pero ellos son vistos solamente por quienes han desarrollado su percepción. Sin esa sensibilidad todo se hace banal, al acontecimiento maravilloso se le llama casualidad, se avanza por el mundo sin esa llave que es la gratitud. Cuando sucede lo extraordinario se le ve como un fenómeno natural, del que, como parásitos, podemos usufructuar sin dar nada a cambio. Mas el milagro exige un intercambio: aquello que me has dado debo hacerlo fructificar para los otros. Si no se está unido no se capta el portento. Los milagros nadie los hace ni los provoca, se descubren. Cuando aquel que se creía ciego se quita los anteojos oscuros, ve la luz. Esta oscuridad es la cárcel racional".


Alejandro Jodorowsky 


por la fiel compañía


y que todos/as, en comunidad,
podamos ver esa luz.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Para distraerla, él le escribía cuentos...




















y Ella aparentaba entretenerse.
Por cierto tiempo funcionaba el juego. Así había sido desde el principio.

Pero poco a poco, Ella lo iba acorralando, lo iba desterrando. Tampoco él la dejaba en paz: cada vez eran más fascinantes sus historias; cada vez le costaba más a Ella desprenderse de ese hechizo. ¿Estaba tan vieja? ¿Tan artrítica estaba que ya no podía dominar el espacio con la agilidad de su arcaica juventud?

Un día, harto del ritual, Horacio Quiroga no quiso representar más el papel del perseguido. Con la fuerza aprendida del mensú, clavó la estaca de una sutil aguja en aquel débil brazo de la Muerte,su amiga ahora, para siempre.

31 de diciembre de 1878 -Salto, Uruguay

“Ten fe ciega no en tu capacidad 
para el triunfo,
sino en el ardor con que lo deseas”

Horacio Quiroga

El Poder del Arte



Sin duda, la palabra “poder” evoca en esta época específicas asociaciones con el campo “economía”, pero no es nuestra intención ingresar en el tratamiento de un tema tan complejo como lo es el de la mercantilización del arte

En segundo lugar, quizá aparezcan relaciones con el tema “estrella” de la actualidad, o sea, el éxito, muy vinculado al que optamos por evadir, aunque también apareje la consideración de la fama, esa desesperada gula por el protagonismo, en todos los órdenes; su contracara -el fracaso- es el cuco postmoderno, tanto que si revisáramos las más notorias debilidades contemporáneas es muy probable que esta intolerancia a la frustración figure en uno de los dos primeros puestos y no sólo a nivel de la infancia o de la adolescencia. (La obra “Inteligencia emocional” de Daniel Goleman aporta muy interesantes y comprobados datos al respecto pero bastaría con reflexionar acerca de la situación social del país para extraer conclusiones claras.)

Tradicionalmente, el éxito ha sido una experiencia esquiva a todo artista: lo obtiene póstumamente o se pasa décadas pagando peaje para cruzar a esa mítica región de El Dorado. Así lo percibimos desde el otro lado... pero... el artista, ¿crea persiguiendo ese propósito?


Como confiamos cabalmente en la capacidad de interpretación de nuestros/as lectores/as, dejaremos abierta la pregunta y, para acompañarlos/as en su trayecto deductivo, acercamos cierta información funcional sobre un artista emblemático de la situación planteada: 
Vincent Van Gogh.
















En realidad, abundante es el material biográfico que circula en la Web y puntualiza momentos claves de su trayecto vital, tan asaeteado por la estructura síquica que le tocó en suerte y que el medio quizá acentuó. Por lo tanto, pueden ustedes acceder a ello con facilidad.

El eje de nuestro interés es la concepción personal de “poder” que Vincent fue construyendo hasta el último de sus días y a pesar de todos los pesares. Un poder que no gestó compensación económica y que le atrajo críticas devastadoras; un poder reverenciado por la posteridad; un poder que le concedió casi un privilegio: el de no traicionarse nunca como artista ni como persona.

En una de las más de ochocientas cartas dirigida a Theo, su hermano, dice Vincent:
         
¿Quién soy yo a los ojos de la gente? Una nulidad, un hombre excéntrico y desagradable, alguien que no tiene una posición, el más miserable de los miserables. Aunque ello fuese verdad, me gustaría que mis obras mostrasen lo que hay en el corazón de este excéntrico, de este nadie.”

         En toda esta correspondencia va hilvanando Vincent su propósito:

 * “Elegí conscientemente el camino del perro a través de la vida. Voy a ser pobre. Voy a ser pintor”

 * “Sea en la figura, sea en el paisaje, yo quisiera expresar no algo así como un sentimentalismo melancólico, sino un profundo dolor, por encima de todo, yo quiero llegar a un punto en que se diga de mi obra: este hombre siente profundamente y este hombre siente delicadamente".

* “No es el lenguaje de los pintores, sino el lenguaje de la naturaleza lo que uno debería escuchar... El sentimiento propio de las cosas, en la realidad, es más importante que la sensación que transmite una imágenes.”

* “El arte es el hombre añadido a la naturaleza.”

* "Siento que mi trabajo está en el corazón del pueblo, que debo aferrarme a lo cotidiano y penetrar profundamente en la vida y que debo avanzar gracias a un esfuerzo inmenso y cuidadoso”.

*  “Quiero pintar retratos que dentro de cien años le resulten a los hombres verdaderas apariciones, pero no me propongo hacerlo mediante la semejanza fotográfica, sino gracias a una expresión apasionada, al utilizar nuestro moderno saber sobre los colores y nuestro moderno sentido de ellos como medios de expresión para hacer resaltar su carácter".

* “Por qué seré tan poco artista que siempre lamento que los cuadros no vivan".

* “¿Qué es el dibujo? ¿Cómo se puede aprender? Es trabajar a través de un invisible muro de hierro que parece interponerse entre lo que uno siente y lo que uno puede hacer.”

* "Lo que quiero es conseguir un dibujo que por su esquematización, sólo represente lo esencial de la figura y pase por alto conscientemente, como es claro, todos los detalles superfluos si se tiene en miras exclusivamente lo auténtico del carácter y que sólo son algo accidental... y lo que intento lograr con ello no es dibujar una mano sino el gesto; no representar matemáticamente una cabeza sino el gran movimiento expresivo, por ejemplo cuando alguien que cava, levanta la cabeza para sentir el viento, o el hablar, en una palabra; la vida".

* “Si oyes una voz dentro de ti diciéndote no sabes pintar, pinta, ¡Faltaría más! y la voz se callará”

* “Creo que no hay nada más artístico que amar verdaderamente a la gente.”

* “Porque en quienes se comprueba de la manera más visible un valor superior, son aquellos a quienes se aplican las palabras: "Trabajadores, vuestra vida es triste; trabajadores, vosotros sufrís en la vida; trabajadores, vosotros sois felices ", son aquéllos que llevan los estigmas de "toda una vida de lucha y de trabajos sostenida sin doblegarse jamás". Es necesario hacer esfuerzos para semejarse a ellos."

* “Los carboneros y los tejedores siguen constituyendo una raza aparte de los demás trabajadores y artesanos y siento por ellos una gran simpatía y me sentiría feliz si un día pudiera dibujarlos, de modo que estos tipos todavía inéditos o casi inéditos fuesen sacados a luz"

* "Pienso asumir sin rodeos mi oficio de loco"

* “A menudo siento el mismo sentimiento, no sólo en lo financiero, sino en mi arte y mi vida en general. ¿Pero crees que es algo excepcional? ¿No crees que todo hombre con un poco de espíritu y energía tiene esos momentos? Momentos de melancolía, de angustia, en mayor o menor medida y creo que son momentos de toda persona consciente. Parece que algunas personas no tienen conciencia de sí mismos”

* “No puedo cambiar el hecho de que mis cuadros no se vendan. Sin embargo, el tiempo hará que la gente reconozca que mis cuadros valen más que el valor de las pinturas utilizadas en él”

 * “Trabajando duro, viejo, espero hacer algo bueno algún día. No lo hago todavía, pero lo persigo y lucho”

* “Es bueno amar tanto como se pueda, porque ahí radica la verdadera fuerza, y el que mucho ama realiza grandes cosas y se siente capaz, y lo que se hace por amor está bien hecho.”

* “Se puede tener, en lo más profundo del alma, un corazón cálido, y sin embargo, puede ser que nadie acuda a él.”

* “Tengo un período de aterradora claridad en esos momentos en que la naturaleza es tan bella. Ya no estoy seguro de mí mismo, y los cuadros aparecen como en un sueño.”

* “¿Sabes lo que hace que desaparezca la cárcel? Cada afecto genuino y profundo. Ser amigo, hermano, amante, es lo que nos libera de la prisión. Sin estos afectos, uno está muerto. Pero cada vez que se reviven estos afectos, la vida renace”
        
* “Cuánta belleza en el arte, con tal de poder retener lo que se ha visto. No se está nunca entonces sin trabajo ni verdaderamente solitario, jamás solo”

* “Tengo... Una terrible necesidad... ¿Diré la palabra? De religión. Entonces salgo por la noche y pinto las estrellas.”

* “El molino ya no está. Pero el viento persiste.”


Fuentes de las citas:
akifrases.com
felixpelegrin.com
chrismielost.blogspot.com








Tal como él mismo lo afirmara - "el molino ya no está pero el viento persiste"- mientras que en vida sólo logró vender un cuadro (Red Vineyart at Arles), a fines del XX varias de sus obras figuran entre las vendidas a cifras más elevadas:

"Vincent van Gogh: "Retrato del doctor Gachet", 1890.
82.5 millones de dólares (1990) - Precio ajustado a inflación: 146,8 millones (#6) - La historia de este famosísimo y brillante retrato resume por sí misma el "boom adquisitivo japonés" de finales de los 80 y principios de los 90: gran pintura, vendida por una cantidad astronómica a un japonés (Ryoei Saito), posteriormente arruinado, y el lugar de residencia de la obra es hoy por hoy un misterio. Varios rumores la sitúan en Europa, e incluso se dice que la obra podría regresar en breve al mercado.

Vincent van Gogh: "Autorretrato sin barba", 1889 -
71.5 millones de dólares (1998) - De nuevo van Gogh. La venta de esta gran pintura -no una obra maestra, sin embargo- supuso un extraordinario éxito -la casa de subastas la había valorado en poco más de la tercera parte- e inició la recuperación de las cifras exorbitantes en el mercado del Arte tras la crisis de mediados de los 90”.

De: http://www.theartwolf.com


Red Vineyart al Arles

Retrato del Doctor Gachet





“Tengo... Una terrible necesidad... 
¿Diré la palabra? De religión. 
Entonces salgo por la noche y pinto las estrellas.”