viernes, 1 de septiembre de 2017

"De paso nos fuimos haciendo niños también nosotros, los padres."- Jaime Barylko

—¡Libertad! —se dijo. Que su majestad el niño determine cuál ha de ser su rumbo, su destino. —¡Libertad! — se clamó.

Entonces padres y maestros se corrieron a un costado para dejar pasar a su majestad el niño, el adolescente, el joven, el nuevo mundo y el mundo de lo nuevo. Y más no hicimos que corrernos, creyendo que de esa manera les dábamos la tan preciada libertad. También les dimos juguetes didácticos, y nos llenamos las bocas con teorías psicológicas, y creíamos que, hablando de libertad, de autorrealización, de ser uno mismo, mágicamente el mundo se transformaría y su majestad el niño construiría su imperio de belleza, bondad, liberación, bajo la advocación de la imagen de la paloma de Picasso. Nos corrimos a un costado, y dijimos: 

—Contemplemos la maravillosa marcha de la historia de seres auténticos, ya no constreñidos por padres autoritarios y castradores.

De paso nos fuimos haciendo niños también nosotros, los padres.

Creció en el vacío, sin límites, sin fronteras, sin carteles orientadores, sin sustento, sin apoyo. En consecuencia, no creció. Quisimos ser modernos, terminamos siendo nadie. "Nadie" es un ser difuso, desprovisto de una línea que demarque su identidad.

Los límites, lo que todos hemos perdido —nuestros hijos porque no los conocieron, nosotros porque nos desprendimos de ellos—, los límites son las coordenadas de los valores, de las creencias, de los modales, de las maneras y —en fin— de las reglas de la existencia y de la coexistencia. De la identidad. Por ellos uno es o puede llegar a ser "alguien".

Vivir es vivir entre límites, en algún encuadre, entre horizontes. Dentro de ese espacio germina y se desarrolla la libertad. Interpretamos mal: creíamos que la libertad se da. No es cierto: la libertad no se da, la libertad se toma, se arranca, se conquista, se logra, se esculpe, abatiendo esclavitudes, confrontándose con límites, aceptando unos, rechazando otros, pero usándolos como referentes en el camino. Además, la libertad es un medio, no un fin. Ahí la tienes, para hacer algo con ella, algo que tú elijas. ¿Y cómo se elige? Se elige entre opciones. Las opciones son los límites dentro de los cuales la libertad adquiere sentido, al rechazar unos y adoptar otros.

De: Los hijos y los límites

De: JAIME BARYLKO



"En algún lugar de un libro hay una frase esperándonos para darle un sentido a la existencia", dijo Miguel de Cervantes. Y para muchas personas, esas frases están en los libros de Louise L. Hay.

R.I.P.
"Voy a cumplir 90 años este sábado (8 octubre 2016). Elijo ver mi vida moviéndose en diferentes direcciones, todas ellas igual de buenas. Algunas cosas son incluso mejores ahora que en mi juventud. Mis años más jóvenes estuvieron llenos de miedo; en la actualidad mis días están llenos de confianza.

Mi propia vida realmente no comenzó a tener sentido hasta que estaba a mediados de mis 40 años. A la edad de 50 empecé mi carrera de escritora a una escala muy pequeña. El primer año hice una ganancia de 42 dólares. A los 55 años me aventuré en el mundo de las computadoras, lo cual me asustó pero tomé clases y vencí el miedo. Hoy tengo tres computadoras y viajo con mi iPad y iPhone a todas partes. A los 60 años tuve mi primer jardín. En este mismo tiempo me inscribí en clases de arte para niños y empecé a pintar. A los 70 y 80 era más creativa y mi vida continúa siendo cada vez más rica y plena.

Todavía escribo, doy conferencias, enseño a través de mis acciones. Estoy constantemente leyendo y estudiando. Soy dueña de una editorial muy exitosa y tengo dos organizaciones sin fines de lucro. Soy una jardinera orgánica dedicada. Cultivo la mayor parte de mi propia comida. Me encanta la gente y las fiestas. Tengo muchos amigos cariñosos. He viajado extensamente. También todavía estoy pintando y tomando clases. Mi vida se ha convertido en un tesoro de experiencias.

Quiero ayudarte a crear una idea consciente de tus últimos años, para que te des cuenta de que estos pueden ser los años más gratificantes de tu vida. Quiero que sepas que tu futuro es siempre brillante, no importa cuál sea tu edad. Mira tus últimos años convirtiéndose en tus años de tesoros.

En lugar de simplemente envejecer y renunciar y morir, vamos a aprender a hacer una gran contribución a la vida. Tenemos el tiempo, tenemos el conocimiento y tenemos la sabiduría para movernos por el mundo con amor y poder.
¡Da un paso adelante, utiliza tu voz, sal al mundo y vive!

Con amor,
Louise Hay."



jueves, 31 de agosto de 2017

Bajo el Puente del Alma


Diana, tú decías: “La vida es sólo un viaje”.

Quizá por eso no te conformaste con transitar primorosos espacios urbanos.

Pisaste regiones donde la ambición arranca piernas, pieles, pastos, piedras…

Los vulnerables del mundo desean todavía la frescura que la seda de tus abrazos desplegó sobre los vulnerados, como portentosa bandera incitando a otra clase de guerra.

Hollaste los páramos de la indiferencia y del cómplice silencio, telarañas que segregan los poderes.  

Y enredados tus pies, tu cuerpo no pudo seguir viajando los viajes de este viaje. Bajo el Puente del Alma, tu corazón escuchó la voz del altoparlante avisando el final de la migración.


¿Hacia a dónde habrán caminado los luminosos pies de ónix de tu alma en aquel exacto momento? ¿Hacia a dónde? Todavía nos preguntamos. 



Sociología "performática" en Nocturno de Joaquín Suárez (Canelones) por la Profa. Angie Marchelli y los estudiantes de 2º. año de Bachillerato Humanístico.



















“Ante todo, un docente debe formar, antes que informar, porque si Internet le dice -casi todo-, decidir qué es lo que vale la pena recordar y qué no, es un arte sutil.”- Umberto Eco

Siempre les digo a mis estudiantes del Liceo de Joaquín Suárez (en Canelones) que,
antes que nada, deben intentar dialogar con el texto porque, realmente, es un ser vivo;
su voz les hará sentir emociones diversas y hasta contradictorias,
que podrán, a su vez, expresar, en el acuerdo o en la discrepancia.


Rosario Calcerrada  /  Verónica España  /  Micaela Medina  /  
Pía Portela

Estudiantes de 2o.9  del Plan de Extraedad Diurno 
Asignatura: Idioma Español




Con WARIS DIRIE aprendimos la palabra “ablación”, que nos agujereó el cerebro y fortificó nuestra identidad.

Conocer la historia de esta señora nos muestra qué actitud hay que adoptar ante todas las adversidades de la vida o golpes en nuestra niñez, nos sirve para ser mejores personas mejores y no encerrarnos en el dolor causado, superar cada obstáculo que la vida nos ponga por delante; en resumen, es una forma de crecer internamente.

También nos enseña que no se olvida lo malo que nos haya sucedido y hay que vivir con eso, pero siempre intentando ser mejores y ayudar a quienes lo necesiten o hayan pasado por situaciones similares. Que no es valiente quien hace daño, sino quien supera o sobrevive al daño demostrando que es mejor cada día.

También nos deja un intenso mensaje acerca de que a pesar de que se sea una niña, es posible escapar de las situaciones que nos dañan y buscar nuestra propia felicidad sin mirar atrás. Nunca se debe bajar los brazos en la búsqueda de nuestros sueños. Tampoco hay que guardar rencor o venganza a quienes nos lastimaron, y darles una oportunidad para que puedan ver su error en la vida.

La historia de Waris nos recuerda que nunca estamos solos, que siempre habrá alguien en quien confiar, tener esperanza y seguir adelante sin importar cuál sea el reto a cumplir.
Por eso nos animamos a dar un consejo a adultos y adolescentes: “Nunca olvides cuál fue tu herida grande y tomala como un escudo para usarlo en los momentos que necesites, no te conviertas en quien hiere sino en quien sana.

Daiana de León y Gimena Marra

Estudiantes de Primer Año del Plan Semestral Nocturno
Asignatura: Idioma Español




Gracias a ti, admirada Waris,
a mis sensibles estudiantes,
a la Vida...

domingo, 27 de agosto de 2017

“Disculpe, pero en la época de Internet, usted, ¿para qué sirve?”- Umberto Eco


El estudiante decía una verdad a medias, que, entre otros, los mismos profesores dicen desde hace por lo menos veinte años, y es que antes la escuela debía transmitir por cierto formación, pero sobre todo nociones, desde las tablas en la primaria, cuál era la capital de Madagascar en la escuela media hasta los hechos de la guerra de los treinta años en la secundaria. Con la aparición, no digo de Internet, sino de la televisión e incluso de la radio, y hasta con la del cine, gran parte de estas nociones empezaron a ser absorbidas por los niños en la esfera de la vida extraescolar.

De pequeño, mi padre no sabía que Hiroshima quedaba en Japón, que existía Guadalcanal, tenía una idea imprecisa de Dresde y sólo sabía de la India lo que había leído en Salgari. Yo, que soy de la época de la guerra, aprendí esas cosas de la radio y las noticias cotidianas, mientras que mis hijos han visto en la televisión los fiordos noruegos, el desierto de Gobi, cómo las abejas polinizan las flores, cómo era un Tyrannosaurus rex y finalmente un niño de hoy lo sabe todo sobre el ozono, sobre los koalas, sobre Irak y sobre Afganistán. Tal vez, un niño de hoy no sepa qué son exactamente las células madre, pero las ha escuchado nombrar, mientras que en mi época de eso no hablaba siquiera la profesora de ciencias naturales. Entonces, ¿de qué sirven hoy los profesores?

He dicho que el estudiante dijo una verdad a medias, porque ante todo un docente, además de informar, debe formar. Lo que hace que una clase sea una buena clase no es que se transmitan datos y datos, sino que se establezca un diálogo constante, una confrontación de opiniones, una discusión sobre lo que se aprende en la escuela y lo que viene de afuera. Es cierto que lo que ocurre en Irak lo dice la televisión, pero por qué algo ocurre siempre ahí, desde la época de la civilización mesopotámica, y no en Groenlandia, es algo que sólo lo puede decir la escuela.

Y si alguien objetase que a veces también hay personas autorizadas en Porta a Porta (programa televisivo italiano de análisis de temas de actualidad), es la escuela quien debe discutir Porta a Porta. Los medios de difusión masivos informan sobre muchas cosas y también transmiten valores, pero la escuela debe saber discutir la manera en la que los transmiten, y evaluar el tono y la fuerza de argumentación de lo que aparecen en diarios, revistas y televisión. Y además, hace falta verificar la información que transmiten los medios: por ejemplo, ¿quién sino un docente puede corregir la pronunciación errónea del inglés que cada uno cree haber aprendido de la televisión?

Pero el estudiante no le estaba diciendo al profesor que ya no lo necesitaba porque ahora existían la radio y la televisión para decirle dónde está Tombuctú o lo que se discute sobre la fusión fría, es decir, no le estaba diciendo que su rol era cuestionado por discursos aislados, que circulan de manera casual y desordenado cada día en diversos medios −que sepamos mucho sobre Irak y poco sobre Siria depende de la buena o mala voluntad de Bush−. El estudiante estaba diciéndole que hoy existe Internet, la Gran Madre de todas las enciclopedias, donde se puede encontrar Siria, la fusión fría, la guerra de los treinta años y la discusión infinita sobre el más alto de los números impares. Le estaba diciendo que la información que Internet pone a su disposición es inmensamente más amplia e incluso más profunda que aquella de la que dispone el profesor. Y omitía un punto importante: que Internet le dice “casi todo”, salvo cómo buscar, filtrar, seleccionar, aceptar o rechazar toda esa información.

Almacenar nueva información, cuando se tiene buena memoria, es algo de lo que todo el mundo es capaz. Pero decidir qué es lo que vale la pena recordar y qué no es un arte sutil. Esa es la diferencia entre los que han cursado estudios regularmente (aunque sea mal) y los autodidactas (aunque sean geniales).

El problema dramático es que por cierto a veces ni siquiera el profesor sabe enseñar el arte de la selección, al menos no en cada capítulo del saber. Pero por lo menos sabe que debería saberlo, y si no sabe dar instrucciones precisas sobre cómo seleccionar, por lo menos puede ofrecerse como ejemplo, mostrando a alguien que se esfuerza por comparar y juzgar cada vez todo aquello que Internet pone a su disposición. Y también puede poner cotidianamente en escena el intento de reorganizar sistemáticamente lo que Internet le transmite en orden alfabético, diciendo que existen Tamerlán y monocotiledóneas, pero no la relación sistemática entre estas dos nociones.

El sentido de esa relación sólo puede ofrecerlo la escuela, y si no sabe cómo tendrá que equiparse para hacerlo. Si no es así, las tres I de Internet, Inglés e Instrucción seguirán siendo solamente la primera parte de un rebuzno de asno que no asciende al cielo.



En: El Club de los Libros Perdidos