domingo, 1 de junio de 2014

Salto: una tierra abonada por la insaciable sed del Arte.
















Horacio Quiroga, Enrique Amorim, Marosa Di Giorgio, Leonardo Garet -por citar a los más difundidos- justifican esa visión, a interpretar en forma rigurosamente literal.  

De esa realidad incuestionable conversábamos, un mes atrás, con Nicolás Rodríguez, un joven químico oriundo de ese bello y rico departamento del país, quien llegó a este Centro con la firme decisión de liberar, al fin, la llama encendida en su adolescencia por el querido Profesor Garet, nuestro venerado Maestro también, en Literatura Uruguaya, en el Instituto de Estudios Superiores, cuando recién abrazábamos la docencia. Tantas anécdotas mutuamente comunicadas en esa oportunidad jugaron a tejer un invisible lazo, una especie de ADN irrenunciable.

Su profesión no le permitió a Nicolás la integración en un Taller Grupal y concurre a un espacio personalizado pero, para orgullo de su Formador y de sí mismo, ha continuado mostrando y demostrando que aquella flama no pervivió sólo por una cuestión afectiva; el conocimiento, la curiosidad intelectual, la avidez por la lectura, el entusiasmo por encontrar su propia voz, son síntomas de otra especie de siembra, en una tierra abonada por la insaciable sed del Arte.

Que nunca te sea suficiente esa agua, Nicolás.





















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