miércoles, 11 de enero de 2017

Cuando el Estado no oye, no ve y no habla, la Muerte sabe que está en “zona liberada”.


Se llamaba Ingrid Romina González Martínez.
Vivía con sus hijas y su madre en el Barrio Casavalle.
A sus 29 años, pagó una suma insuperable - su vida-
por ser una trabajadora del Ministerio del Interior:
era policía administrativa.

¿Habrá que blindar también las ventanas
para evitar que la Violencia siga robándonos la Vida?
¿Y podrá solventar ese gasto un policía, un carpintero, un maestro, un empleado?
Bien saben que no, Señores Gobernantes.
Bien sabemos l@s ciudadan@s
que no están cumpliendo con el deber esencial de cuidarnos, a tod@s.
Sus prácticas responden al viejo mecanismo de "atalo con alambre".

La vida de Ingrid no merecía ser cercenada
porque los alambres estén oxidados.


                                   

                                       

2 comentarios:

  1. No tenía hijas (las niñas eran sus sobrinas. Y no era administrativa, era una de las guardias que custodian el Ministerio del Interior.

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    1. Esos datos fueron difundidos por diferentes medios de prensa. Pero, en definitiva, no trastocan en un milímetro la desgraciada situación que padeció y que padecen cientos de ciudadan@s, entre ellos la Policía. Cómo no se ha podido solucionar aún un mal endémico como el de que est@s funcionari@s no tengan más remedio que habitar en zonas donde su sola presencia genera rispidez. El tema es sumamente complejo, por cierto, pero el hilo se corta siempre en donde ofrece mayor debilidad.

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