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Gabriel Marcel 7 de diciembre de 1889 - París, Francia Filósofo y dramaturgo |
“Apenas
es necesario insistir en la impresión de asfixiante tristeza que se desprende
de un mundo cuyo eje central es la función. Me limitaré a recordar aquí la
penosa imagen del anciano jubilado, y otra también semejante a la anterior, de
esos domingos de ciudad en que los viandantes dan precisamente la impresión de
ser jubilados de la vida. En un mundo de este tipo, la tolerancia de que se
beneficia el jubilado tiene algo de irrisorio y casi de siniestro.
Pero no
sólo es triste este espectáculo para quien lo mira. Existe también el sordo e
intolerable malestar experimentado por quien se ve reducido a vivir como si
efectivamente se le confundiera con sus funciones; y este malestar basta para
demostrar la existencia de un error o un abuso de interpretación atroz, al que
un orden social cada vez más inhumano y
una filosofía también inhumana (filosofía que si bien ha preformado ese orden,
después ha copiado de él) han tendido igualmente a arraigar en las
inteligencias indefensas. (...)
La palabra creatividad se nos presenta aquí por primera vez, y sin
embargo, es la palabra decisiva. Donde
hay creatividad no hay, ni puede haber, degradación. La degradación
comienza en el momento en que la creatividad se repliega o se hipnotiza sobre
sí, se crispa sobre ella misma.
En: APROXIMACIÓN AL MISTERIO DEL SER.
«Quizá un orden terrestre
estable sólo puede ser instaurado si el hombre guarda una conciencia aguda de su condición
itinerante»
El esperanzado es un caminante, vive el riesgo, “el riesgo y la
aceptación de riesgo”, del riesgo de desesperanzar.
En el que espera se distingue la cautividad o sentimiento de
imposibilidad de acceder por los propios medios a la plenitud; pero, por
paradoja, cuanto menos es sentida la vida como cautividad, tanto menos será
capaz el alma de ver la luz de la esperanza. Junto a ella, la comunidad; quien
espera no sólo dice yo espero, sino que, además, espero en ti y para nosotros,
pues la esperanza atañe al yo que espera del tú y con el tú.
No hay esperanza más que al nivel del nosotros, y no al nivel de
un yo solitario.
Esperar es con-fiar, fiar con. La esperanza, incluso privada de
toda expectativa favorable, no está condenada a la desesperanza, desde el
momento en que un hombre espera en otro. Sólo porque un adulto confía en él,
desarrolla el niño sus potencialidades. También porque otro ser humano está a
su lado podemos soportar las más terribles pruebas y los más duros recuerdos,
las peores perspectivas. También porque sabe que su vida cuenta para la mirada
amante de algunos seres al menos, el viejo acepta el tiempo.
El otro necesita saber que no desesperamos de él, “espero en ti”:
si, por alguna razón, un niño es incapaz de ver el futuro con optimismo, se
produce una interrupción inmediata del desarrollo. El ejemplo más grave lo
encontramos en el caso de los niños que sufren autismo infantil, consecuencia
de su completa incapacidad para imaginar mejora alguna. Una niña, tras un
período prolongado de terapia, surgió finalmente de su total autismo y expresó
lo que para ella caracterizaba a los padres buenos: “esperan algo de ti”. Esto
implicaba que sus padres se habían portado mal, porque no habían sido capaces
de tener esperanza ni transmitírsela a ella en cuanto a sí misma y a su vida
futura en este mundo. Todo padre que se preocupe por el estado de ánimo de su
hijo sabrá decirle que las cosas cambiarán y que algún día todo le irá mejor.
Desde luego, el hombre con esperanza es el que nos mira a los ojos
y el que no la tiene es el que nos mira a los pies. ¿Sería mucho afirmar que
dejamos de tener razón cuando ya no la esperamos en los demás? Hogar es la casa
donde uno es esperado; para conocerle a uno hay que conocer su hogar. Si somos
esperanza, si la esperanza es el tejido del alma, entonces desconfiar (y más
aún desesperar) de un ser, ¿acaso no es negarlo en tanto que tal, es decir,
tenerlo muerto para nosotros? La
actividad creadora, la fidelidad, el amor, la generosidad y la esperanza se
implican: “amar a un ser es esperar de él algo indefinible e imprevisible y
darle a la vez, de algún modo, el medio de responder a esta espera” . Quien
espera, da; quien no espera, esteriliza, niega a la realidad la posibilidad de
una relación creadora: “sólo se puede hablar de la esperanza cuando existe esa
interacción entre el que da y el que recibe, esa conmutación que es el sello de
toda vida espiritual”
En: Homo Viator
De:
http://elmontevideanolaboratoriodeartes.blogspot.com
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